Y, en realidad, este verano no había tenido ninguno tan así. Es un domingo de reflexión. Porque tengo mucho en lo que pensar, sobretodo en lo que respecta a ti. Tú. Trato de pensar en la falta de lógica de todo lo que respecta a nuestra peculiar relación. Porque las cosas a veces se tornan difíciles sin ninguna razón, eso lo sé, pero vamos, de ahí a lo que nos pasa no hay color.
Por otro lado, me siento algo vacío. Y tengo una teoría al respecto. Siempre he pensado que lo que mueve al ser humano es la esperanza (o falta de). Las mayores rebeliones del mundo, los más drásticos cambios sociales, los más estúpidos actos de amor... Todos ellos han sido provocados por la esperanza. ¿Qué pasa cuando no confías en la esperanza? Te vuelves como yo. Inestable, vacío y pesimista. Dramático, tal vez. Esta semana tuve un subidón, una extraña corazonada. Todo iba a salir bien, íbamos a acabar juntos. Y de ahí no me sacaba nadie. Y de repente me desencanté. Ya sabes como funciono. No quiero pensar en ti, ni hablar de ti. Probablemente solo quiero hablar contigo. Lo digo como si no tuvieras once años mentales y te gustara hablar claro, pero hace unos días habíamos avanzado bastante en esto de la claridad.
No obstante, ¿en realidad qué es lo que quiero? Supongo que siempre he sido bastante caprichoso. Soy hijo único. Así que mi retorcido cerebro reacciona mal cuando las cosas no salen como quiero. Y ahí es cuando vuelvo a ti. Por un momento se me ocurrió pensar que todo iba a estar rodado, que iba a ser fácil, rápido y además iba a salir bien. Pero no contaba con un importante factor que siempre debo tener en cuenta. Se trataba de mi vida. Además de mi vida amorosa. No iba a ser fácil. ¿Tengo paciencia como para seguir luchando por algo que en realidad no sé si se va a dar?, ¿No deberías luchar un poco tú por mi?
Soy inmaduro, impaciente, irritante y puedo llegar a tener tanta mala hostia como para que te preguntes si soy humano o no. Ni siquiera soy demasiado simpático. Además, los planes que te propongo no te suelen interesar, eso sin hablar de nuestros gustos que suelen ser diferentes en casi todo. Entonces, ¿por qué quedamos? Es una duda que siempre he tenido.
No sé muy bien cómo me siento. Ni cómo te puedes sentir. Tampoco sé si quiero saberlo. Estoy a punto de acabar un ciclo que en realidad para mi acabó el jueves. Y no sé si sabré afrontar el tiempo libre. Aunque durará pocas semanas. Tengo nuevos amigos, creo. De los buenos, además. Así que por lo menos no estaré sólo. Supongo que mañana te hablaré. Supongo. Prefiero no afrontar eso ahora, no quiero fingir que no me afecta todo esto.
Necesito unas vacaciones en el país de no pensar.
De momento, seguiré comparando lo fácil que parecen las cosas para todos y cómo se complican para mi. Después de tanto tiempo, no sé de qué me extraño. Pero bueno, cuando salga de casa seré concienzudo en lo de fingir que estoy bien. Porque en realidad debería estarlo, porque no quiero preocupar a nadie, ni dar pena, ni hablar de mi. Esas son las razones. Y por eso voy a sonreír.
¿Qué pensarás tú de todo esto?, ¿te estarás riendo de mi? Últimamente tengo esa sensación con todo el mundo. Y tú no eres tan diferente del resto. No me fío ni de mi sombra. Lo de ser un lobo solitario últimamente parece que se me da mejor de lo que pensaba. Supongo que así terminaré perdiendo gente, hay quien se puede molestar por mis ausencias. Se quedará quien quiera quedarse.
Lo peor que llevo es que se me ha vuelto a fundir un bombillo del coche. El que cambié hace menos de dos meses. No me puedo creer que mi fin de semana haya llegado a ese extremo de mierder.
Seguiremos en contacto. O lo que sea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario