Supongamos que te he superado. Partiendo de ahí, ¿por qué no imaginar en mundo sin ti? Al fin y al cabo, antes de conocerte no era infeliz.
La verdad es que desde que no estoy contigo he conocido a un montón de tíos. Algunos bastante agradables, otros unos capullos integrales. Ninguno como tú. Y ese es el caso, que parece ser que los comparo bastante contigo. Aún así nadie con quien compartir más tiempo del absolutamente necesario. Ya me conoces, no soy nada falso, si no es necesario pasar el tiempo con alguien que no me gusta, no lo haré.
Pero sigamos suponiendo. Supongamos que ya no existes en mi vida, como yo sé que ya no existo en la tuya. Me pregunto: Y ahora, ¿qué? Pues toca seguir adelante, sin más. He de suponer que todo terminará en buen puerto, me siento optimista y no sabes lo raro que es eso ahora en mi. Aunque sigo escribiéndote, por supuesto, supongo que esto no cambiará a corto o medio plazo. Sin embargo, cada vez me duele menos hacerlo, y no es porque te sienta cerca, sino porque me siento lejos y es un matiz apenas apreciable pero que me satisface hasta el extremo. Definitivamente es hora de un cambio en mi vida, necesito volver a la alegría de estar sólo. Al fin y al cabo no preveo que eso forme parte de los cambios en mi vida, quiero y necesito estar bien estando sólo.
Y creo que empiezo a ser consciente de ello.
