IBIZONIA

De como un loco decidió escribir un blog y demás desastres.

jueves, 3 de diciembre de 2015

De cómo nombro al santo, lo veo venir, no lo esquivo y me lo como con papas.


Y sigo en shock. A lo largo de los años siempre he mantenido una frase, una seña que siempre identifico con mi vida, con mi historia y con la locura que todo ello envuelve. "Podría contar mi vida uniendo casualidades". Pues eso.

Hay que ver las vueltas que da la vida. 

Esto ni siquiera tú lo hubieras esperado. Te esperaba incluso antes a ti. Ya te he nombrado a mi primer amor, mi gran primer amor. Te he narrado, por encima, la historia de mi vida y que finalmente parece que todo se centra en él. Anoche él se centró en mí. Lo curioso es que, una vez más, no siento nada. Si que es cierto que me puse nervioso anoche ante la situación de ver cómo era él quién reclamaba mi presencia. Durante años soñé con el momento en que él venía a mí y yo lo rechazaba. 

Y lo rechacé.

Ahora mismo no sabría explicarte cómo estoy o qué siento, estoy como impasible ante la situación. Me acecha un mar de dudas, pero la gente no para de repetir que la conversación de anoche me va a venir bien. Creo que tienen razón. Y no estoy triste. Y no estoy feliz. El único sentimiento que hoy he podido identificar en mí ha sido el miedo. 

El miedo que tanto me costó dejar atrás. Pocos miedos tengo yo en la vida, lo que tenga que venir vendrá, pero mi pasado no me gusta. Y no quiero que vuelva. Llevo unos meses volviendo a tener el carácter agrio de antaño y no me gusta. Llevo años centrando todos mis pensamientos en él, y no me gusta. Y esta situación de ahora, tampoco me gusta. Puedes tildarme de quejica, pero es extraño el miedo que tengo. Volver atrás. Volver a ser ese adolescente eternamente triste. No te haces una idea de lo que me costó encontrar una risa sincera en mí. No quiero volver a sufrir por su culpa, y es la sensación que me lleva rondando todo el día.

Y por eso lo rechacé.

Por mí. Después de todo, sigo teniendo la dignidad suficiente como para no caer en la extraña seducción que se dio anoche. Soy más fuerte de lo que pensaba. No voy a fingir que no me costó, pero lo hice. Me siento orgulloso de mi decisión. Mi intriga es pensar en el futuro. En qué pasará. La sensación es que me hablará de nuevo. Yo a él sé que no. 

El destino juega sus cartas de forma extraña. El otro día dije que siempre he pensado que se iba a dar un reencuentro entre nosotros. No entre tú y yo, ese reencuentro sabe Dios que pasó a la historia. Entre él y yo. Él. Ya no tengo ni palabras para definirlo. El reencuentro se pudo dar anoche, pero no es eso a lo que me refería.

Por mis cojones, hoy me atrevo a decir, a gritar, a cantar incluso, que esta historia no se ha acabado. Por ninguna de las dos partes. ¿Al final nos encontraremos en el camino?; ¿habrá una historia de amor correspondido? Estoy harto de dramas. Estoy harto de sentir que todo sale mal. Y estoy harto de la sensación de fracaso.

Hoy no tengo nada de lo anterior. Simplemente no tengo nada que sentir. Y me sorprende. Después de nueve años que menos que una lagrimita o algo así. Nunca fui la persona más sensible del mundo, pero, joder, con esto he llorado sangre. Al menos sé que durante este tiempo nada de lo que presentía era exagerado, porque al menos puedo seguir diciendo que lo conozco al cien por cien. Tras el desahogo por mi parte, la ignorancia por la suya. Tras la fina ironía de mis palabras, las toscas burradas de las suyas. E íbamos a ser la pareja perfecta.

Ahora mismo, de nuevo, pienso que voy a acabar sólo este viaje que es la vida. Pero ahora mismo no lo pienso de forma deprimente. Ni siquiera me atrevo a decir que me siento irónico. Es una de mis sensaciones. Ya sabes que me guío bastante por eso, a pesar de luego meditarlo todo.

 Te volveré a escribir si reacciono ante todo esto. Estoy tardando en llegar, espero no haberme perdido.

Seguro que tú estás bien.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

De cómo aprendí a no sentir nada.

Y lo aprendí sintiendo demasiado. Porque parece que, al final, nada me termina de salir bien. Conoces mi baja autoestima de sobra. Intento por todos los medios parecer neutro ante la vida, pero no me sale. Mi persona favorita siempre me ha dicho que voy y vengo con los sentimientos. Como siempre, tiene razón.

Estoy harto. De sentirme inútil. De ver que todo el mundo tiene suerte menos yo. De depender de mis padres económicamente. De no saber querer. De no saber odiar. De ser una persona de mierda.

Y es que a pesar de que mi carácter se ha endulzado con el paso del tiempo, en el fondo sigo siendo la misma persona cínica, sarcástica y ególatra que antes era.

Me quiero y me odio a partes iguales. Vivo enamorado de tíos imposible. Quiero llorar. Quiero saber llorar. Quiero meterme bajo las mantas y llorar a pierna suelta durante horas. Y quiero que alguien venga a consolarme. A darme seguridad. A decirme que todo irá bien.

Porque me siento sólo. Siempre. Sólo. Y no sé qué hacer al respecto. Y lo peor es la sensación de que a nadie le importo. Estoy triste, lo que significa que estoy enfadado. Así es como expreso mi tristeza. Ya eso lo sabes.

Y todo por dentro. Por fuera siempre intento sonreír. Si pudiera expresar mis sentimientos en palabras la gente sí que se preocuparía por mí. Por cómo asocio las cosas. Por ver que sigo siendo ese adolescente deprimente que sólo necesitaba su abrazo. Su. De él. Volvemos a lo mismo.

Y gracias a él, aprendí a no sentir. A pensar dos, tres, cuatro y hasta cinco veces antes de actuar. A nunca dejarme llevar. Estoy en un mal momento. Me siento sólo. Me siento mal. Me siento triste. Y me enfado.

Pero sonreiré, porque mis sonrisas pocas veces esconden felicidad. He asumido que siento las cosas a mi manera. Mis problemas siguen siendo míos, para qué molestar a nadie?

Tú estarás bien? Ya no me afecta pensar en ti. Al menos eso supe superarlo.

Sin más,

Omar R.

jueves, 6 de agosto de 2015

De cómo se cambia sin perder la esencia.


Y es que sigo siendo un lobo solitario. Hoy es la primera vez que te escribo para no hablar de ti. Resulta extraño. He estado acordándome de ti últimamente, pero el sentimiento es diferente, de indiferencia.

Por eso quiero hablar del cambio. De la evolución que siguen las personas. Porque todos evolucionamos de un modo u otro. Yo he cambiado. Hace dos años era totalmente otra persona. Me he sensibilizado, supongo. Siento la madurez, a pesar de que mis preocupaciones resultan efímeras. No tengo grandes preocupaciones, nunca las tuve.

Emocionalmente, hay un avispo con el Omar de hace dos años. Empatizo y soy sereno. No me gusta adelantarme a los acontecimientos. Si hay un problema, se arregla y a seguir. Curiosamente, sí que tengo un problema.

Un amor, para no variar.

Pero este es anterior. Anterior a ti y a todos. Mi primer amor. Mi primer gran amor. Nunca lo olvidé, ni siquiera estando contigo. Hoy puedo ver que fuiste efímero en mi vida. Gracias a Dios.

Este verdadero amor del que te hablo me hizo daño. Muchísimo. Y aún le quiero. Sé que nunca dejaré de hacerlo, es un sentimiento que me perturba en exceso. Aunque también he notado cambios en los últimos tiempos.

Ahora también me siento más seguro de mí mismo, también ha cambiado el ambiente que me rodea. Buen rollo es la bandera que llevamos. Lo agradezco, necesitaba acabar con personas tóxicas. Aunque en esta nueva fase también me he alejado de una persona. Igual hasta me está leyendo. Tampoco se portó bien.

Por eso quiero hacer apología a los cambios del ser humano. A pesar de haberme hecho menos ermitaño y más afable, no he perdido esa fase de lobo solitario. A veces me siento fuera de lugar, porque sigo disfrutando la soledad. La necesito.

Aunque también necesito dejar de estar sólo. Otra contradicción de las mías.

Espero que a ti te vaya bien, creo que seguiré hablando contigo. Pero no de ti.

Te acuerdas de mí? Seguro que no.

Omar Rguez.