IBIZONIA

De como un loco decidió escribir un blog y demás desastres.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

De cómo aprendí a no sentir nada.

Y lo aprendí sintiendo demasiado. Porque parece que, al final, nada me termina de salir bien. Conoces mi baja autoestima de sobra. Intento por todos los medios parecer neutro ante la vida, pero no me sale. Mi persona favorita siempre me ha dicho que voy y vengo con los sentimientos. Como siempre, tiene razón.

Estoy harto. De sentirme inútil. De ver que todo el mundo tiene suerte menos yo. De depender de mis padres económicamente. De no saber querer. De no saber odiar. De ser una persona de mierda.

Y es que a pesar de que mi carácter se ha endulzado con el paso del tiempo, en el fondo sigo siendo la misma persona cínica, sarcástica y ególatra que antes era.

Me quiero y me odio a partes iguales. Vivo enamorado de tíos imposible. Quiero llorar. Quiero saber llorar. Quiero meterme bajo las mantas y llorar a pierna suelta durante horas. Y quiero que alguien venga a consolarme. A darme seguridad. A decirme que todo irá bien.

Porque me siento sólo. Siempre. Sólo. Y no sé qué hacer al respecto. Y lo peor es la sensación de que a nadie le importo. Estoy triste, lo que significa que estoy enfadado. Así es como expreso mi tristeza. Ya eso lo sabes.

Y todo por dentro. Por fuera siempre intento sonreír. Si pudiera expresar mis sentimientos en palabras la gente sí que se preocuparía por mí. Por cómo asocio las cosas. Por ver que sigo siendo ese adolescente deprimente que sólo necesitaba su abrazo. Su. De él. Volvemos a lo mismo.

Y gracias a él, aprendí a no sentir. A pensar dos, tres, cuatro y hasta cinco veces antes de actuar. A nunca dejarme llevar. Estoy en un mal momento. Me siento sólo. Me siento mal. Me siento triste. Y me enfado.

Pero sonreiré, porque mis sonrisas pocas veces esconden felicidad. He asumido que siento las cosas a mi manera. Mis problemas siguen siendo míos, para qué molestar a nadie?

Tú estarás bien? Ya no me afecta pensar en ti. Al menos eso supe superarlo.

Sin más,

Omar R.