Y no es fácil decirte adiós... Hace unos meses escribía en facebook algo para ti... pero sabía que no lo leerías. Esto tampoco lo leerás.
En los últimos días he estado pensando mucho acerca de... bueno, de todo. De que sigo sin entender qué diablos ha pasado, de que me está dejando de importar no saberlo, de que igual, esta vez, no soy yo el raro... Y te veo en el twitter, como si nada. Y veo que, de vez en cuando, parece que me dedicas cosas. Y yo creo que me las dedicas. Puyitas. Yo también te he dedicado alguna, cuando me da la neura y no me importa hacer chiquillajadas. La gente dice que te sobrevaloro, que no mereces las cuatro lágrimas que solté por ti, que ya encontraré a alguien mejor. Lo peor es que yo siento que no te sobrevaloro, simplemente me da pena lo que pudo haber sido y no fue. El vacío que he sentido me ha hecho comprobar que no soy tan fuerte como pensaba. He sido frágil, he sido irracional, he sido débil. He sido imbécil.
Y lo peor es que lo sigo siendo, porque no te odio. Probablemente no te odie nunca, ni tampoco te querré. Ni volveré a hacerlo. ¿Tú me querrás?, ¿Me quieres aún? Ni siquiera creo que pienses en mi ya. Se acerca tu cumpleaños. Es inútil pensar que no te voy a felicitar, porque sé que lo haré, pero no quiero hacerlo. Caeré. Pensaré que queda algún resquicio de esperanza y me aferraré a él. Idiota, y ahora además infeliz. No creo que sientas orgullo de lo que has hecho, me sorprendería lo contrario.
Pero esta carta no trata de recordar el pasado, de anclarse a él o de seguir pensando en lo que pudo ocurrir. Te escribo para decirte adiós, para confesarte que te voy a olvidar, con todo el dolor de mi corazón, con el alma desgarrada por otra decepción que añadir a mi lista, con el autoestima por los suelos y con la puta eterna duda de si podría haber cambiado algo. Lo que sea. Pero con esperanza. Con la esperanza del que ha caído al fondo del abismo y ha sobrevivido, a sabiendas de que ahora le toca subir. Porque me puedo permitir caerme, pero estoy obligado a levantarme. Y eso es así.
No me queda mucho más por decir. El resto de lo que pienso acerca de ti me lo quedaré yo. Siempre. Cuando algo termina siempre piensas en cómo empezó, ¿no? Esto empezó bien. Me quedo con eso. Ahora sólo tengo buenos deseos para ti, ojalá seas feliz. Yo hoy sé que lo seré. Pronto.
Adiós.
Omar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario